Thursday, January 13, 2011

COMUNISMO KARDASHIAN

Mi columna quincenal en EL UNIVERSAL (Caracas), NOTITARDE (Valencia), EL IMPULSO (Barquisimeto), LA NACIÓN (San Cristóbal), y ocasionalmente en EL TIEMPO (Puerto La Cruz).

Jueves, 13 de enero de 2011

COMUNISMO KARDASHIAN

Antonio A. Herrera-Vaillant

Está de moda en la TV norteamericana una serie sobre la vida cotidiana de una familia de nuevos ricos – los Kardashian – que destaca por su mal gusto é insolente ostentación.

El fenómeno Kardashian es antiguo y universal: El torpe despliegue de la riqueza súbita. En Latinoamérica – contra todo estereotipo de sociedad impermeable – siempre han habido enriquecidos súbitamente, frecuentemente gracias a favores de sucesivos gobiernos.

Existe todo un catálogo de rótulos para identificarlos: macarra, hortera, chabacano; charre; siútico; cursi; guarango; grasa; groncho; huachafo; mamón; mamarracho; naco; picúo; pavoso; tilingo, cafona, y así sucesivamente desde la vieja Iberia hasta penetrar todas las esquinas del nuevo Continente.

Hasta tiempos recientes la mayoría de los nuestros nuevos ricos solían perseguir objetivos muy loables: alcanzar la superación social en todos los sentidos. Buscaban a ingresar a niveles superiores de educación y cultura, por lo general imitando – a veces torpemente –a quienes ocupaban posiciones más destacadas de su respectiva sociedad.

Hoy se siente cierta nostalgia por las inofensivas cursilerías de antaño.

Porque la actual triste realidad es la aparición de una oleada de nuevos ricos resentidos y sin aspiración ni deseo alguno de superación: Son los que hacen culto a lo cutre, alardean su propia vulgaridad, y se refocilan agresivamente pisoteando valores.

En Latinoamérica su clásica manifestación es una lacra de narcotraficantes cuya arrogante ostentación de fortunas mal habidas se equipara tan solo con el ofensivo mal gusto desplegado al dilapidarlas.

Sus filas las engrosan los llamados populistas o “comunistas” del siglo XXI, cuyo grosero y revanchista comportamiento social sólo se equipara al de aquellas mafias.

Los viejos comunistas traían la fuerza de un idealismo genuino. A los del siglo XXI apenas los unifica un solo factor: El dinero y el odio. Se apropian de etiquetas ideológicas, pero caen como desesperada plaga de langostas sobre fondos públicos y privados.

Cuando – con botas y charreteras ó sin ellas – forman parte del séquito de bárbaros caudillos, agregan un hipócrita servilismo a la generalizada podredumbre de regímenes cuyo aglutinante fundamental es el dinero. Sus principales representantes personifican el decir de Voltaire:”Los que creen que el dinero lo hace todo, suelen hacer cualquier cosa por dinero.

Allí precisamente reside el talón de Aquiles del “comunismo Kardashian”, porque donde la única ley es la ley de la selva, cuando por el botín se imponen, por botín fenecen.

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Tuesday, October 26, 2010

ÑÁNGARAS, PIRICUACOS Y DEMÁS YERBAS

Jueves 21 de octubre

ÑANGARAS, PIRICUACOS Y DEMÁS YERBAS

Antonio A. Herrera-Vaillant

El reciente éxito de Chile al rescatar a los mineros demostró al mundo que Latinoamérica sí puede tener sociedades cívicas, solidarias y orientadas al logro, a nivel de las naciones más evolucionadas del mundo.

En la misma dirección viene avanzando Colombia con sus triunfos contra el hampa disfrazada de guerrilla “revolucionaria”.

Ambos países vienen de transitar una cruenta curva de aprendizaje que termina – letra que entra con sangre – vacunándolos contra los mitos de una extrema izquierda idealista y altruista.

Ambos descubrieron que el extremismo no es sino disfraz para encubrir las más bajas pasiones del ser humano.

Una izquierda con heroica oratoria empapada de cursilería y delirante en ideales utópicos, que proclama que el fin justifica los medios; y que una vez que tiene las riendas del poder destruye todo cuanto funcione, produzca, o sea sencillamente bonito.

La integran almas atormentadas que protestan ser marginadas por la sociedad, se deleitan hurgando en los pecados de las democracias para justificar sus propios abusos; y que con posiciones de mando demuestran con creces que su eventual marginación era generalmente justificada por una abismal incompetencia, su ignorantísima improvisación, y por la asombrosa amoralidad de su corrupción.

Por algo el “argot” popular les aplica epítetos que reflejan la verdadera naturaleza de sus intenciones. En Nicaragua se les llama “piricuacos“, palabra de origen miskito que significa “perros sedientos de sangre humana.

En Venezuela, Cuba y otros países se les dice “ñángaras”, al parecer un neologismo derivado del término indígena kariña “ñangarúm” que dicen significa excremento. En Honduras “ñángara” es una úlcera o llaga pustulosa; mientras que en Puerto Rico significa algo malo, porquería, inservible, defectuoso, de baja calidad.

Son motes que resumen rasgos comunes de una extrema izquierda que desciende linealmente de aquella Madame Defarge y sus notorias “tricoteuses” de la Revolución Francesa: Aquellas que tejían al lado de la guillotina para mejor ver decapitar a todos cuanto odiaban.

Su signo compartido es un violento resentimiento que se traduce en gobiernos incapaces de construir, que desconocen el diálogo cívico y no tienen paz con la miseria.

Chile y Colombia han pagado caro para hoy poder caminar hacia el futuro dando la espalda a las destructivas consignas de los ñangaras, piricuacos y demás malas yerbas. Otros países experimentan parecidas y peligrosas curvas de aprendizaje, repetida en el caso de Nicaragua. Pero ya las recorren, y  al final del cuento, aprenderán.

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GLORIA AL MANSO PUEBLO

Jueves 7 de octubre de 2010

GLORIA AL MANSO PUEBLO

Antonio A. Herrera-Vaillant

La historia de Latinoamérica se presenta repleta de caudillos, demagogos y simples pandilleros que proyectan a nuestros pueblos cual violentas tribus, dispuestas a pelear cruelmente por cualquier nimiedad. Sus grandilocuentes discursos militaristas – cual marcha “catapún-chin-chin”- refuerzan mitos sobre bravos pueblos que jamás existieron.

Cualquier historiador serio sabe que la Independencia provino de una élite intelectualmente globalizada que jugó posición política adelantada con relación a su propia realidad. La mayoría pagó con vidas y fortunas sus impulsos idealistas. La gran masa, con notables excepciones, fue carne de cañón para ambos bandos de la contienda.

La mitología militarista la usan algunos para disimular un profundo sentido de inferioridad; y reducen la política de sus países a desplantes machistas que transpiran inferioridad é impotencia ante cuanto represente civilización y decencia.

En semejante entorno surgen tenientes coroneles, con mentalidades de sargento, edad emocional de niños de diez años, y severa incontinencia verbal, dispuestos a “enfrentar” al mundo entero con bravuconadas de la boca para afuera.

Desde Boves, Cipriano Castro y Pancho Villa hasta recientes depredadores, organizan bandas delictivas pretextando “revoluciones” para beneficio propio. ¿Creerá alguien que con actos de odio, pillaje, y vandalismo se prueba valentía, o se logra evolución social y progreso?

Lo que realmente tenemos, antes, durante y  después de la Independencia, son grandes mayorías que como mansos corderos enfrentan los lobos gemelos de la demagogia política y la delincuencia común: Gente buena que sin complejos ni delirios lucha a diario por la superación y el futuro de sus hijos para escapar la degradación de la marginalidad.

Frente a la imagen de pueblo “bravo” que promueven los promotores del abuso y atropello existe una mayoría de gente decente y de bien que busca progresar por medios propios y gravita hacia sistemas democráticos como agua que busca su nivel.

Por ratos grandes segmentos – por variedad de circunstancias y frustraciones –se ilusionan con personajes que encarnan todo lo contrario a la aspiración pacífica de las grandes mayorías.

Pero refresca el alma y renueva la fe comprobar que en las grandes masas a la larga prevalece el deseo constructivo, de paz y armonía.  La prueba es el gran pueblo venezolano que en santa paz y con votos repotencia las aspiraciones democráticas y pacíficas de una mayoría decente y desarmada que merece mejor gobierno: ¡Gloria al manso pueblo que su voto emitió!

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LOS SIN ROSTRO

Jueves 23 de septiembre de 2010

LOS SIN ROSTRO

Antonio A. Herrera-Vaillant

En días recientes el “Biography Channel” presentó la vida y caída de Nicolás y Elena Ceacescu en Rumanía. Cuando se observa el Tribunal que manda a fusilar al dúo diabólico, surge la pregunta: ¿Y dónde estaban todos esos militares y magistrados la semana antes de aquel desenlace?

Resulta que una de las más duras realidades que afronta un gobierno de fuerza es que todos – sin excepción – están montados sobre lealtades efímeras y precarias.

Todo régimen totalitario cuenta con flamantes parlamentos, jueces, y oficialidades militares a los que rara vez se les ven las caras salvo en actitudes de adoración hacia el Jefe. Todo lo que ve el público es la jeta del Fuhrer, Duce, ó Máximo Líder, que suplanta los rostros, mentes y conciencias de sus adláteres.

La aberración se hace transparente cuando esos sistemas concurren a elecciones. Los adeptos casi nunca saben por quienes están votando. Sus listas quedan integradas por una masa informe y casi anónima de sirvientes que le permite al Amo ocupar el espacio que debió pertenecer a sus rostros y ejecutorias.

Abyectamente prestan sus nombres de relleno, para dar un barniz democrático al total sometimiento a la voluntad del Líder Único.

Cuando un gobierno combina el uso irrestricto de los fondos del Estado con políticas de represalia é intimidación para asegurar “mayorías”, es costumbre decir que los serviles están “comprados”, o “vendidos” a la plata y prebendas que derrocha el patrón.

Pero a la larga resulta que toda aquella mazamorra de secuaces está integrada por individuos, y que en el fondo cada uno de ellos tiene su corazoncito.

Un ser humano jamás se “vende”: A lo sumo se alquila, por plazo indeterminado: hasta un día.

El tirano puede rellenar todos los cargos con un rebaño sumiso – por ahora. Pero lo que no puede prever son las volteretas de cada “corazoncito” individual. Allí pueden estar las semillas de un dramático o sorpresivo desenlace final.

Por un lado es sabido y comprobado que quién se alquila una, se alquila mil veces. Adicionalmente, en ambientes de coacción y terror, más de uno espera el momento oportuno para recobrar la dignidad perdida. Encima de todo eso, muchos otros buscan el momento de hacerse perdonar por lo que viene después. A la hora de las chiquitas más de uno dentro de todo ese rebaño sin rostro termina protagonizando el viejo mensaje del político que exhortaba a sus seguidores: “Cójanle al Gobierno todo lo que les reparta, pero al final voten con nosotros.” Por algo es políticamente inmortal aquella última pregunta de Julio César: “¿Et tu, Brutus?”.

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EL ESPÍRITU DE BOVES

Jueves 9 de septiembre de 2010

EL ESPÍRITU DE BOVES

Antonio A. Herrera-Vaillant

Los comunistas califican de “lucha de clases” al torrente de petulancias, complejos, envidias, abusos y miserias que invariablemente desatan los mal llamados procesos “revolucionarios”. Con eso pretende dignificar las más bajas pasiones del género humano, otorgándoles una inmerecida connotación política.

Latinoamérica lleva dos siglos sufriendo oleadas de acción destructiva que -  en nombre de “revolución” – retrasan su desarrollo, sin aportar nada al progreso sostenible de “los pueblos” a los que pretenden reivindicar.

El atajo de megalómanos irresponsables que han liderado estos movimientos invariablemente trata de glorificar con etiquetas políticas una serie de “procesos” que no son más que un descarado culto a su personalidad.

Con ello pretenden barnizar el desahogo – desde posiciones de fuerza – de todo género de complejos, revanchismo e  impulsos destructivos, con frecuencia sin otra satisfacción que el mero gusto de vejar y destruir todo aquello lo que jamás han podido ser ni tener.

Lo pueden llamar justicialismo, socialismo, sandinismo o comunismo pero siempre termina en una misma miasma: Despojo y pillaje para unos, miseria para los de siempre, y atraso para la sociedad.

Desde de la Independencia, cuyo bicentenario hoy cacarean y rebuznan desde las gruesas guacamayas de Caracas hasta las yeguas de Buenos Aires, la región ha sufrido oleadas de odio ciego y torpe acción por parte de quienes desvían los legítimos anhelos de progreso de su gente hacia confrontaciones sociales tan crueles como estériles.

En los albores de la gesta independentista surgió el monstruoso José Tomás Boves, que canalizó los más recónditos resentimientos hacia una orgía de sangre y ciega destrucción que dejó postrada a Venezuela.

Boves no tuvo la imaginación de llamar “revolución” a su colosal rabieta, pero su desaparición física no extinguió su espíritu.

Muy poco después propio El Libertador tuvo que fusilar a Manuel Piar – a pesar de sus méritos guerreros – por andar atizando odios raciales y destructivas confrontaciones de clases siguiendo el ejemplo del nefasto asturiano.

Lamentablemente aquello no fue suficiente y una procesión de émulos de Boves y Piar han seguido plagando a la América de miseria en nombre de “revolución”. Cada episodio “revolucionario” invariablemente ha resultado en mayor atraso y degradación para “el pueblo”.

Ante tanta tediosa repetición de la misma historia la única y verdadera revolución en estas tierras será enterrar – de una vez por todas – el maldito espíritu de Boves.

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GOBIERNOS PORNOGRÁFICOS

Jueves, 26 de agosto de 2010

GOBIERNOS PORNOGRÁFICOS

Antonio A. Herrera-Vaillant

Haití atrae de nuevo la atención del mundo, no ya por su dantesca tragedia telúrica, sino porque parte de su población ahora apoya a un “rapero” norteamericano para Presidente de aquel pobre territorio, que ya apenas clasifica como nación.

El caso haitiano ilustra los graves dilemas que enfrenta cualquier sistema democrático ante avalanchas demográficas que van camino de convertir al Tercer Mundo en Quinto Infierno.

En país tras otro, masas ignorantes y sin formación social, esperanza, ni palo en que ahorcarse, se prendan de cualquier oportunista que se les presente con limosnas y palabras de ilusión.

Son presa fácil para demagogos irresponsables que luego resultan electos cabalgando sobre la frustración e ingenuidad de los más miserables.

Una vez con el poder en la mano, algunos abusan de sus resortes de la manera más flagrante, sintonizados siempre a los peores instintos del mínimo común denominador de la población. En lugar de enaltecer, degradan cuanto tocan.

Son gobiernos intrínsecamente pornográficos, impúdicos, torpes, y ofensivos a la más elemental decencia.

Sus personeros carecen de decoro y actúan sin dignidad en sus actos y palabras, sin respetar el estado o calidad de las personas. Carecen de pudor y respeto para vulnerar deliberadamente la esencia personal de cualquiera.

Sus líderes fomentan el más abyecto culto a la personalidad, y ante cualquier contradicción su lenguaje se torna soez y agresivo. Por eso no consiguen colaboradores sino adulantes entre la crápula menos de fiar de cualquier nación.

Su masa crítica y tropa de choque es el hampa común, disfrazada con nombres como “piqueteros” (Argentina), “brigadas de respuesta rápida” (Cuba), “turbas divinas” (Nicaragua), “batallones de la dignidad” (Noriega en Panamá), “ton-ton macoute” (Duvalier en Haití), con abierta complicidad de guardias pretorianas uniformadas y de alquiler.

Aunque imiten a Hitler más se parecen a Goebbels por su insistente protagonismo, sumado a la aguda intuición para comunicar con las masas. Son cínicos, impulsivos, dominantes, temperamentales, incisivos y descaradamente manipuladores.

Adhieren ferozmente a la máxima goebbeliana que sostiene que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

La buena noticia es que los de por aquí son meros fanfarrones, cobardes y vulgares, que viven del constante “bluff”. Goebbels terminó su vida al teatral estilo de Wagner, pegándose un tiro en un sótano berlinés: Por acá siempre preferirán el Baile del Perrito. Si no, que lo digan en las playas del Rodadero.

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EL INNOMBRABLE

Jueves, 12 de agosto de 2010

EL INNOMBRABLE

Antonio A. Herrera-Vaillant

Un reciente documental trae a la mente las historias de Harry Potter, donde hay acuerdo general para no mentar el nombre de Lord Voldemort, sino como “aquel que no se debe nombrar: Pronunciar su nombre repotencia su poder y su maldad.

En la realidad sucede lo mismo con políticos y personajes que se oxigenan con protagonismo dentro y fuera de sus países.

A veces son dictadores, pero otros son personajes de menor cuantía, con enorme habilidad para convertirse en centro de pasiones, odios y amores tan intensos que la gente siente compulsión de hablar incesantemente de ellos. Se vuelven obsesión para partidarios y opositores.

Su rasgo común es un narcisismo desbordado y enfermizo: Convencidos que el mundo gira en torno a ellos, son los megalómanos y mitómanos que reescriben la historia para acomodar su propia visión y conveniencia.

El prototipo fue Adolfo Hitler, que al final de la guerra deseaba que se acabasen Alemania y todo el pueblo alemán porque no estar a su “altura”. Percibió su aplastante derrota como el ocaso de los dioses, un glorioso Gotterdarmerung.

Varios escaños por debajo en la historia mundial del horror, Fidel Castro – de adolescente admirador de Hitler – ahora, encontrándose a las puertas del infierno pasa sus últimos días de agorero, vaticinando hecatombes nucleares y tragedias globales.

Como su único logro ha sido sobrevivir medio siglo pastoreando un rebaño de esclavos quiere que el mundo se acabe con él.

Pero Castro – hasta hace poco – fue enemigo del ridículo: un perfecto lobo comunista que jamás se disfrazó de rojo y no se molesta con pieles de cordero “socialista”.

Descendiendo radicalmente por la cuesta de la importancia se consiguen personajes teatrales que han hecho toda una carrera del sensacionalismo descarado, abandonando todo rastro de decoro con tal de estar en boca de todos lo más posible. Son los Lady Ga-Ga de la política, audaces improvisados cuyo tránsito es una permanente huída hacia adelante.

Algunos, desorbitados por la adulancia, conciben las relaciones internacionales como concurso de popularidad personal: Clasifican a los presidentes y monarcas extranjeros de amigos o enemigos, según les rían las gracejadas. Afuera son hazmerreir, adentro tragedia.

¿Cómo tomar en serio a un histrión consumado que pide perdones de rodillas, crucifijo en mano?

A semejantes tipos, si los medios de comunicación realmente quisieran conspirar, bastaría con reducirles el oxígeno de la cobertura. Eso sí les conduciría a su merecida camisa de fuerza.

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EL MAR DE LOS COMEPIEDRA

Jueves, 29 de julio de 2010

EL MAR DE LOS COMEPIEDRA

Antonio A. Herrera-Vaillant

En toda la extrema izquierda existe un rasgo común, que en Latinoamérica carga especial intensidad. No se trata de ideología o terrorismo. Es la intensa y teatral cursilería que impregna sus gestos y discursos.

Se sienten protagonistas de gestas heroicas, discursean con prepotencia y agresividad, se aferran al dramático histrionismo, y toda su habla no es sino sarta de consignas encadenada con mitos. Cuando portan disfraz militar, agregan la grandilocuente oratoria de narrador de desfile militar: Tachín, tachín, tachín.

Sus delirios presumen de sublimes y se desbarrancan siempre por los bordes del ridículo.

Las cañerías se les tapan, la luz se les va, la comida se les pudre, nada les funciona y casi  todo lo que tocan se vuelve basura. Hunden a sus pueblos en tsunamis de ineptitud mientras alucinan imaginándose émulos de los verdaderos héroes de la historia.

La esterilidad de estos gobiernos es garantizada por colaboradores incompetentes y oportunistas, abyectos adulantes, dedicados exclusivamente al obsecuente culto de la personalidad y al saqueo de todo cuanto encuentran.

Buscan a Cuba como modelo para llenar sus vacíos intelectuales, y ocultan que esa experiencia pasó por décadas de barbarie: La intencionada, sistemática y sanguinaria destrucción de cuanto funcionaba en uno de los países más adelantados del Continente; todo en aras de una ideología global, de acuerdo al diseño minucioso de un genocida Pol-Pot hispanoamericano apodado Che.

La quinta parte de la población huyó. Se fueron los mejores, y el país cayó en manos de los más mediocres, fracasados y resentidos: Cócteles humanos de lumpen, lacayo, chivato y esbirro. Lleva medio siglo sobreviviendo con muletas externas, y si ahora exporta médicos es para olvidar que llegó a prohibirles salir de un país que se quedó sin gente competente.

Han surgido nuevas generaciones cubanas que – sin conocer otra cosa – sarcásticamente bautizan de “teque” al tedioso discurso comunista.  Saben que el sistema es hipócrita y disfuncional, y que la machacona repetición de histéricas consignas es solo apta para oligofrénicos. Saben que todos esos “¡No pasarán!” terminan pasando.

Una gerontocracia que algún día presumió liderazgo global se quedó para mendigar supervivencia y vestir payasos que los imitan.

Apenas un puñado aún come su propia traza: Envueltos en pañales Securezza mandan a los pueblos a comer piedra mientras ellos comen compota. Al final, son todos pura bulla, “teque” y chimba cursilada; y se hunden juntos en el mar de una misma coprofagia.

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REY MOMO QUIERE MAJESTAD

Jueves, 15 de julio de 2010

REY MOMO QUIERE MAJESTAD

Una del rebaño rojo – sin más mérito para el cargo que su abyecto servilismo – acusa a un valiente Cardenal de la Iglesia de atentar contra la “majestad” de su amo tan sólo porque el prelado disintió de un régimen abusivo y extralimitado.

La infeliz no tiene idea de lo que es majestad. ¿Qué sabe burro de pasta de dientes?

Majestad significa grandeza; y la verdadera grandeza está en el espíritu, en la conducta consistente, la manera de vivir, y la suma de gestos grandes y pequeños.

La majestad no la da un cargo: La persona da majestad al cargo, o se la quita.

Majestad la ejerce una Reina de España que por un lado besa a cada sudoroso integrante de su seleccionado, y por otro aparta el abrazo de cualquier grotesco caudillo tropical.

Pero la verdadera majestad no es monopolio de monarcas, la consigue todo ser humano que la proyecte en su conducta. Majestad significa hacerse respetar respetando al prójimo.

Cualquier sencillo mortal puede comportarse con mas majestad y grandeza que un engreído jefe de Estado de no pase de petulante energúmeno.

Majestad y grandeza la tiene un humilde Iniesta en contraste con un atorrante Maradona.

En la historia abundan gobernantes que confunden majestad con una simple coreografía del poder. Semejantes desequilibrados necesitan una corte de utilería. El demente Henri Christophe, “Emperador” de Haití imitó a la corte napoleónica creando Duques de la Mermelada y Condes de la Limonada; y los del siglo XXI se la consiguen fabricando ministros, diputados y magistrados de comiquita, a su imagen y semejanza.

¿A quién más se le ocurre invocar majestad para uno que por su falta de respeto hacia todo y hacia todos es convertido en la antítesis de grandeza a los ojos de todo el mundo?

¿Cómo nombrarle majestad a un desaforado cuya única contribución a la historia global será inmortalizarse como sinónimo de exhibicionismo, irresponsabilidad, patanería y vulgaridad?

En la antigua Grecia el Momo era un espíritu que por sus acusaciones malintencionadas y críticas injustas fue expulsado del Monte Olimpo. Una máscara ocultaba su verdadera cara, y su cetro tenía una grotesca cabeza que simbolizaba locura. De allí salió el bufón Rey del carnaval carioca.

Algunos megalómanos confunden grandeza con grandilocuencia, y aunque desesperadamente remeden a los monarcas refiriéndose a sí mismos como “nosotros”, semejantes personajes alcanzarán grandeza. Tendrán poder, dinero y notoriedad; pero majestad, o aquello que El Libertador llamaba la gloria, jamás.

Rey Momo no tiene majestad.

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ZAMBA DE MI ESPERANZA

Jueves, 1 de julio de 2010

ZAMBA DE MI ESPERANZA

Las noticias que hoy llegan desde Argentina llevan a cualquiera a pensar que aquello es un interminable “performance” del tango “Cambalache”, permanente quilombo de amoralidad y valores invertidos, reforzado por un culto al atorrante Maradona. Es difícil pensar lo contrario mientras “Bonnie & Clyde” y su pandilla estén a cargo de las cosas.

Siempre pasa así cuando desde las cloacas y albañales de una sociedad se apoderan de la imagen de un país y de su futuro, creando  panoramas que no ofrecen esperanza a ningún ser pensante. Su propia gente comienza a creer que no tienen remedio.

Ese fue el caso de la Alemania con Hitler, y también con Hoenecker; y así pasa en otros países que todos conocemos. Lo importante es ver lo que es Alemania ahora.

Hay países donde un diez por ciento aproximado de la población se organiza en rabiosa alianza entre resentidos patológicos y hampa común – caimanes de un mismo caño – para apoderarse del poder y promover su propios odios implacables entre los diferentes estratos sociales.

Ante semejantes pesadillas, la gente decente experimenta una especie de depresión colectiva, reforzada por las explicaciones simplistas é inexactas que sobre el fenómeno ofrecen algunos analistas sociales y políticos: Son los que identifican la pobreza con un resentimiento destructivo contra los que más tienen.

Rápidamente se pasa a la trampa de creer que a “los pobres” no les importa su propia miseria con tal de perjudicar a “los ricos”.

Indudablemente en toda sociedad existe un ingrediente de tensión social entre estratos económicos. El mito de “Robin Hood”, la distorsión de algunos Evangelios y la casi totalidad de las telenovelas machaca el mismo irracional mantra: “Rico malo, pobre bueno”.

También es cierto que la miseria y la desesperanza generan cierta volatilidad política que genera apoyo a quién más ofrece.

Pero de allí a presumir que la motivación fundamental de los pobres es odio hacia los ricos es una distorsión exagerada que lleva a muchos a tirar la toalla, y dificulta la salida de esas situaciones.

En Argentina, más allá de la porquería arrabalera que hoy ofende a la inteligencia, sobrevive siempre un país responsable y decente que por más de medio siglo viene haciendo frente a los embates de un  populismo corrupto y corruptor.

Al final del cuento, la abrumadora mayoría de pobres no son “Madame Defarge” sino gente decente que aspira a una mejor vida sin querer dañar a nadie. Son ellos los tarde o temprano sustituirán el cínico “Cambalache” con una hermosa “Zamba de mi Esperanza”.

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